El cuento
Lo que el Hada descubrió esa noche
Esa noche, mi luz me llevó a la casa de Mateo. Cada noche, su papá le pedía que se cepillara… y Mateo siempre respondía lo mismo: que era aburrido, y que la crema le picaba.
Entonces entendí algo: el problema no era el cepillo… era que nadie le había enseñado su magia.
Le pedí que escogiera uno, y desde ese momento sería su varita. Le conté un secreto: su varita tiene una canción. Mientras suena, hay magia.
A la noche siguiente, Mateo fue el primero en llegar al baño. Primero hizo la magia él… y luego papá la repasó con la suya.
Desde esa noche, cepillarse dejó de ser una pelea… y se volvió su momento favorito con papá.
Los niños no necesitan que les ordenen cepillarse… necesitan que alguien les muestre la magia. Y casi siempre, esa magia empieza en casa.